
A menudo escuchamos hablar de “libertad de expresión”, confundiendo a veces, libertad con libertinaje. Artistas, Periodistas, Comunicadores y Políticos; hablan del tema. Muchos exponen la situación como una negación a ser prisioneros de una mordaza, otros se limitan a ver y no hacer nada.
Hay quienes consideran a la prensa como “el cuarto poder”, sin que nadie les haya otorgado dicho nombramiento; más sin embargo, analizándolo detenidamente, tienen un poder sobre la gente. Se permiten hacerles una sugestión con la información, que muchas veces es mal conocida y desde luego, mal transmitida.
Sabemos que desde que nacemos, somos comunicadores; ya que expresamos emociones y sentimientos hacia los otros.
Muchos comunicadores y políticos hablan de mordaza, por una “prohibición” a decir lo que se cree. Se entiende por libertad de expresión, hablar libremente, más no; decir lo que nos de la gana, cayendo en una perspectiva propia y en un libertinaje claro.
Por ejemplo: Un dueño de un periódico, tiene un amigo desde la adolescencia. Su amigo pasa por problemas familiares y va detenido a la cárcel por el crimen de su esposa. Sale en todos los medios de comunicación, menos en el diario de él; ya que da la orden que no se publique dicha noticia.
Eso tampoco sería libertad de expresión, ya que es el pueblo, la gente, los espectadores; quienes merecen estar bien informados de todo. Al hablar de libertad de expresión podemos concluir diciendo que sería hablar clara y precisamente, de todo lo que se ve, bueno y malo; sin aumentar u omitir algo.
La verdadera libertad nos permite pensar y expresar lo que sentimos sin lastimar a los demás; cuando nuestra expresión ofende a alguién hemos cambiado la libertad por el libertinaje. Ser verdaderamente libre implica despojarse del deseo de hacer lo que nos da la gana y pasar a pensar que no somos los únicos habitantes del mundo, que no somos dueños de la verdad abosoluta y que sólo la tolerancia permite una mejor convivencia humana.
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