viernes, 30 de julio de 2010

Edipo en el niño y Edipo en la niña


Según las investigaciones del psiquismo humano, realizadas en un arduo estudio de muchos años por el padre del psicoanálisis; el señor Sigmund Freud, existe algo que se configura en todos los seres humanos. Freud se basó en el mito griego de la tragedia de Edipo Rey para dar a entender su análisis; por eso le llamo complejo de Edipo a su teoría. Más allá de la similitud con el mito y la óptica sexual que tiene la teoría, se recalca la importancia de la instauración del significante de prohibición en el niño(a) el cual será para toda la vida.

Freud va a hablar de deseo, llevado por la pulsión libidinal, y esta se dirige del niño hacia su objeto de amor, la madre. Se le llama así a la progenitora porque es ésta quien es proveedora de todo para el niño, es la que calma su tensión e interviene casi en el 100% de los casos, en la primera experiencia de satisfacción; la cual será única e irrepetible. La madre es todo para el niño, quien en función de hijo, la desea de manera sexual. A su vez Freud recalcará que el usar el término sexual no responde a lo sexual que la sociedad y su cultura creen, es decir limitarse solo a la afirmación que sexual es el significado única y exclusivamente del la penetración en el acto sexual. Por esto al hablar de sexual nos referimos a un abrazo, una caricia, un beso, el contacto, la succión, el calor, y todo aquello que sea proveído por la madre.

En el complejo de Edipo masculino, el niño desea a su madre y siente una rivalidad con el padre porque es él quien la tiene, quien la posee, y no él. El niño identifica que él tiene pene al igual que el padre y se pregunta:” ¿Por qué mi mamá no tiene?, ¿Se le perdió?, ¿Lo va a tener algún día?, ¿Le va a crecer? Y cree que su madre ha sido castrada por su padre; en ese momento el niño pasará por algo a lo que Freud le llamo Complejo o Angustia de castración y cree que su padre lo castrará en represión o castigo por sus dedeos libidinosos hacia su madre. Toda esta situación configura en el niño el significante de: “no puedo tenerlo todo”, “hasta aquí puedo llegar”, es decir se marca un límite, la prohibición. Al finalizar el Edipo del niño, se instaurará en él su respectiva conciencia moral, lo que en el psicoanálisis ortodoxo se conoce como Súper yo. Más adelante en la elección de la figura sexual esto ayudará a que el niño logre identificarse con su padre.

En el psicoanálisis al falo se le otorga el significante de “poder”, por eso se escucha decir en el hogar: “que el niño salga no más a la calle, no le va a pasar nada, es varón”, “que el niño se divierta con juegos fuertes no le pasará nada, es varón”, “la niña que no salga a la tienda porque le puede pasar algo, ella es mujer”, “la niña es más delicada”, “tú no puedes jugar esto porque eres niña”.

Mientras que en el niño el proceso es de esa manera; pasa todo lo contrario en la niña; quien acoge a su madre como rival. La niña siente ese apego por el padre y la rivalidad o celos se producen en primer lugar pasando por el Complejo o Angustia de castración; recordemos que este proceso, en el niño, se daba al final. La niña cree haber sido castrada por su mamá, quien le negó tener el falo y esto se colmará al tener un hijo. En este proceso la niña tiene tres salidas del Edipo la resignación sexual al falo, la identificación sexual con la madre, es decir, aceptar que no tiene pene tiene vagina, y la insistencia en poseer el falo; es decir una mala resolución del complejo de Edipo puede tener una tendencia homosexual tanto en la niña como en el niño, a la hora de elegir su sexualidad.

Esta teoría planteada por Sigmund Freud en su estudio psicoanalítico nos ayuda a comprender o comparar ópticas distintas que al finalizar tienen el mismo significante, la instauración del súper yo, la conciencia moral, el significante de prohibición.

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